lunes, 15 de agosto de 2011

El desarrollo de la creación

La historia es un trabajo de desarrollo, es una existencia paralela, un mundo que se está creando y cuyas posibilidades solo las delimita nuestra concepción de ese mundo. Está bueno cambiar los tiempos de lo que estamos contando para hacerlo dinámico, contar desde los distintos componentes (personajes, voces, climas). Darle ritmo, movilidad. Que pase lo impensado, siempre se puede volar más alto, siempre se puede caer más bajo. Hay que observar, adentrarse en la historia que contamos. Si queremos escribir sobre el mundo que nos rodea, observemos la vida de las personas, interpretemos sus actos. Seamos ellos. Vivamos desde su experiencia, seamos como ellos son, con un viejo amor que nunca olvidan, con pasión por la vida o la muerte, sin pasión, seamos nosotros y ellos simultáneamente y vamos a poder contar sus historias. Toda historia, todo personaje, todo momento merece justicia. Toda historia merece ser, al menos, sincera. Todo lo que observamos, lo que recordamos, las experiencias personales o ajenas, la información desmedida con la que somos bombardeados, todo puede ser recreado, tergiversado. Todo ello transformarlo, para construir algo nuevo. Para nutrir la historia y darle contenido.

Crear una historia se trata de comprometerse, pero no en una forma desarticulada y solemne, en una forma libre. Adentrarse en un camino donde lo que se cuenta, los personajes, las escenas, los paisajes, transitan con intensidad lo que les toca vivir. En el proceso de la escritura trabaja una parte de la inteligencia que suele ser violentamente arrancada de la existencia de las personas: la creatividad, la locura, lo distinto, el ritmo, el elemento místico, aquellas cosas que no pueden ser nombradas ni poseen explicación alguna. En los textos golpeamos a los políticos en el rostro delante de su gente y ellos se derrumban como se derrumban las mentiras; en los textos amamos y es tan cálido y tan profundo que su pasión llena nuestros espíritus y cambiamos la tercera guerra mundial por el tercer enamoramiento mundial. Acá se puede cambiar el destino. En los textos todo es posible. Acá se puede golpear, acá se puede amar. Y ya saben gente, en el amor y en la guerra…

La primera parte de la experiencia se va a centrar en el ejercicio de la acción de contar. Asimilar, a través de este proceso en el que se irá estimulando el fluir de lo que surge del pensamiento sin filtros, que la realidad está llena de historias y el otro mundo, ese que es absolutamente antagónico y a la vez asombrosamente similar, también. A medida que ejercitemos la escritura y hurguemos en los recovecos de donde se sacan las ideas, iremos encontrando los estilos personales, multiplicándolos a medida que transitamos las distintas formas (novela, poesía, ensayo, cuento, artículo, microrrelato, historieta, obra de teatro, guión cinematográfico, guión de radio, radionovela, letras de canciones, etc, etc.) en las cuales enmarcar ese contenido que traemos. La experiencia asimismo va a estar también orientada a la producción final de la obra, a su construcción como algo tangible mediante la autoedición.


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